Para demostrar que pueden alcanzar muchas cosas – aunque no todos lo logran – muchos jóvenes se empeñan en sobresalir a su manera, a su estilo, en este mundo que les brinda las oportunidades pero a pesar de todo no lo encuentran. Tampoco se puede decir que no existan las esperanzas, sin embargo son los mismos padres y la sociedad que mandan a jóvenes - muchos con talento – a hundirse en sus sueños y no logran convertirlos en realidad. La historia de Jimena (*) nos da un ejemplo más real de ello.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia(*) Los nombres de las personas han sido modificados para mantener su identidad en secreto
______________________________________________________Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia(*) Los nombres de las personas han sido modificados para mantener su identidad en secreto
Los rayos del sol empezaban a lastimar sus ojos, “¡Despierta ya es hora!”, fue lo único que escuchó en toda la mañana, sus padres salieron con destinos diferentes para realizar sus actividades diarias y se había quedado dormida. Era Jueves y todo hubiera seguido de lo más normal, pero algo en su subconsciente obligó a su cuerpo abandonar la cama. El despertador suena marcando las 10:00 a.m., abrió los ojos de par en par asustada y en menos de 10 minutos estaba saliendo de su habitación, bajo las escaleras, cogió un pan con queso que se encontraba en la mesa del comedor, no se detuvo ni para tomar el jugo de naranja. La prisa tenía justificación, hoy era su primer día, el día que iba a demostrar el por qué escogió la carrera que sus progenitores no aceptaban, pero ella buscaba abrirse por sí misma.
Detuvo al primer auto que apareció, cualquiera que lleve a Pardo, su destino era Chimbote. En todo el recorrido se sentía nerviosa, a través de la ventana veía una ciudad fría, el cielo nublado, los autos tratando de ganar a los otros. La mirada la tenía inquieta y también estaba angustiada, llegaría tarde.
El carro se frenó en la esquina de Av. Pardo con Aviación, se percató que el carro la había dejado a una cuadra del lugar que pidió al chofer, no tuvo tiempo de protestar. Eran las 10:30 a.m., estaba lista a aceptar una llamada de atención, quizás le dirían: “Fue un gusto, pero no necesitamos personas con este tipo de conductas” o el rollo que siempre oía “Lo siento, pero la puntualidad es primordial, y no cumple con los requisitos”. Su mente se turbaba con todo, es verdad que la primera impresión nunca se olvida, pero no todo es lo que uno imagina.
LA PRIMERA IMPRESIÓN CASI NO CUENTA
El edificio no era nada fuera de lo normal, ubicado en un pasaje, la distancia era muy angosta, pero no impedía que los autos pasaran por ahí, la fachada de la casa era de mayólicas blancas que más parecían cremas, el portón era de metal pintado del mismo color, tenía cuatro pisos, en cada piso tenían ventanas de sistema directo y la gran antena que sobresalía de la azotea. “Parece más una casa que un canal”, pensó. Tocó aquel frío metal, sus nervios se apoderaron de su cuerpo cuando nadie salía a abrir la puerta, sus esperanzas habían caído, insistió una vez más, nadie.
Dio unos pasos atrás, quería regresar a su casa y olvidar todo, de pronto pensó en su padre, en esa sonrisa triunfal al ver su caída, se detuvo en seco, iba a tocar cuando una voz del cuarto piso le grita: “¿Quién es?”, era una voz fémina, retrocedió para verla y solo atinó a decir: “Soy la…practicante”, se apagaba su voz pero su postura era muy firme. Habían pasado cinco minutos desde que la señorita le dijo que le abrirían la puerta, creía que de cierta forma lo estaban castigando por su tardanza al no abrirle, luego volvió a salir la chica y le indicó que se fuera a la Plaza de Armas que ahí estaría esperando el periodista, que se habían comunicado por teléfono y que ahí lo encontraría, con la misma rapidez se volvió a meter al interior del edificio. Estaba incrédula, ni siquiera verificarían si era cierto o no lo que decía, solo le dijeron donde debía ir y listo.
EL EXTRAÑO SUJETO
Se dirigió a la Plaza de Armas, esta vez pudo comprobar lo que su padre siempre le decía: “Hay dos tipos de personas: los que trabajan para vivir y los que viven para el trabajo”, ahora lo entendía, las personas no se detenían, vivían su realidad, había gente en la esquina del puesto de periódicos leyendo los titulares, las mujeres que gritaban para que vengan a probar el irresistible choclo sancochado, le parecía todo extraño, nuevo, esto ni siquiera se lo imaginó, pero ahí estaba en medio de esas calles sin nombre para muchos pero conocidos por todos.
Al fin llegó, pero tenía una duda, como reconocería a la persona con quién haría sus prácticas, acaso sabe algo, sabe cual es su nombre. “ERROR”, pensó. Regresar no podía, así que respiro profundo y luego de dar un par de vueltas por toda la plaza, se sentó en una de las tantas bancas que estaban frente al municipio. Luego de 15 minutos de espera, un tipo se le acercó, era un hombre de más o menos 28 años, de tez morena, contextura normal y de estatura mediana; “¿Tú eres la practicante?”, “Sí”, “Bien, me llamo Héctor, soy el periodista del canal y vas a practicar conmigo, y tú te llamas..?”, “Me llamo Jimena, pero ¿Cómo sabías que soy la practicante?”, “Es que todos en su primer día se ponen así como si estuvieran perdidos”, “Ah…”. Luego de ese intercambio verbal y un breve silencio que resultaba incómodo, le hizo mención de todos los lugares que irían, empezarían en ir a la SEINCRI, El Hospital La Caleta, luego al Ministerio de la Producción, pasarían por la comisaría que se encuentra por el municipio, y luego volverían a la plaza de Armas.
“Cargaste la batería de tu cámara, verdad?”, “Sí”. Él solo sonrío, y así fue como recorrieron en un tiempo recórd todo, “Dame tu cámara”, “Toma”. Sin decir nada le enseñó como debía de obtener un encuadre, pero no habían conseguido “notas” en ese día, entonces ella se sintió culpable. “lo siento, no quería llegar tarde”, “Descuida, es tu primer día”. Los demás “periodistas” se quedaban mirándola como si nada, ella se sintió extraña, pero no quería acobardarse, no ahora.
Y LA NOTA DEL DÍA ES…
Eran cerca de las doce del mediodía, había salido el sol y quemaba con fuerza. “Suerte, que traje mi gorra”, pensó. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando un fuerte sonido como de un disparo la sacó de su estado pasivo. “Vamos rápido, ya empezó”, fue lo único que escuchó para salir tras de él. Era una manifestación de profesores, “SUTEP” así se hacían llamar y así lo gritaban, ¡El SUTEP NO SE RINDE!... El motivo, la gran mayoría se negaba a acatar una orden del Gobierno, un examen que daría como resultado el coeficiente e inteligencia de los profesores, en un punto de vista estaba muy bien, sin embargo ellos lo veían como una amenaza como una táctica del régimen político para desocupar más plazas y así tener más vacancias para sus escogidos. O al menos así lo planteaban.
“Acaso es posible, es real, en menos de cinco minutos todos los periodistas estaban ahí como abejas que van al panal a perseguir a su reina, era asombroso”. “¡Ven!”, una voz le saco de sus trance, reaccionó y empezó a grabar a todas las personas que estaban ahí, su asombro fue mayor cuando reconoció a sus profesores de secundaria, que al verla, se acercaban y le decían; “¡Bien, hija, graba la injusticia!”, este hecho hubiera pasado inadvertido, pero alguien de la prensa se dio cuenta, de un momento a otro todos la veían, en ese momento hubiera deseado ser invisible, pues ella era la novata, como podían creer que tendría un acercamiento con esas personas y de una manera tan familiar, debido a que muchos de los maestros se acercaban a saludarla y como una persona con modales correspondía al saludo.
En esa marea de gente, Héctor la jaló – y no de manera literal – del brazo y le dijo que se concentrara de lo contrario no conseguirían las imágenes, no había duda estaba molesto. Entonces retomó su tarea capturar imágenes, se dio cuenta de la otra cara de la moneda, ya no habían saludos, al contrario venía la avalancha de las palabras que eran las prohibidas para sus alumnos, al menos en las horas de clases, con pancartas que tenían con letras grandes: ¡NO AL EXAMEN!, y arengas como: ¡EL SUTEP NO SE RINDE, COMPAÑEROS UNIDOS JAMÁS SERÁN VENCIDOS!. La policía llegó con todo, protectores de piedra, cascos, perros, camionetas blindadas, hasta armas para disparar perdigones y bombas lacrimógenas si la situación se volviera extrema. Hasta que un desadaptado empezó a tirar pintura amarilla y huevos a los profesores que fueron a rendir su examen, “Ahora empieza lo bueno – dijo – no dejes de grabar”.
Y no se equivocaba, la policía empezó a dispersar a los “laberintosos” y arremetieron con todo, trataron de bajarles la moral con los perros, algunos se corrían para no ser perseguidos, otros se acercaban con cautela para tirar más huevos y como bandidos empezaron a correr para evitar ser capturados, pero no lo lograban, los maestros al ver que sus colegas eran llevados a la camioneta fueron a su “rescate” y empezó el forcejeo con la policía para que no vayan al calabozo, al parecer seguían la filosofía de los tres mosqueteros. El preciso instante que una profesora empezó a patear a un policía y como venía otro por detrás con un perro y sin bozal, lo tenía ya grabado, nadie más lo había hecho, para ella era su exclusiva, su punto del día. “Lo grabaste”. Ella afirmo con la cabeza. “Bien, entonces vamos al canal a bajar las imágenes”. Ambos se fueron dejando a una multitud que poco a poco disminuía.
LA TELEVISORA
Llegaron al mismo lugar que le indicaría a donde debería ir, estaban parados frente a esa puerta de metal, luego se abrió una rendija y se cerró al mismo momento. Un fuerte sonido le indicó que era el momento de ingresar al lugar que deseaba llamar “mi trabajo”, pero sabía que estaba muy lejos de ello.
“Ahora bajaremos las imágenes al computador para que luego las edite en la tarde”, fue lo único que dijo, para luego subir por unas escaleras. Estaba ahí estática, sin moverse, luego reaccionó y siguió el mismo camino que su “guía?”, lo pensó con ironía. El pasillo era frío no había luz, tenía que ir al cuarto piso, así que caminó sin detenerse, la escaleras tenían barandales solo las que conectaban el primero con el segundo, las restantes tenían un gran vacío por ambos lados. Al llegar, vio un lugar que se podría llamar como la sala de espera, se acomodó en el mueble y espero. A su izquierda pudo observar un cuarto donde se hallaban dos personas que se encontraban manejando los controles de mando, al parecer allí es donde ponían lo que iba o no en la programación, más allá había otra puerta que llevaba al set de grabación, un ambiente muy chico pero que la parecer se las arreglaban para transmitir sus programas, y a su derecha estaba lo que llaman la sala de la isla de grabación, ahí tenía que ingresar para descargar las imágenes. Así que se armó de valor y abrió esa puerta, grande fue su sorpresa al no encontrar a alguien que la asesore en ese momento.
Así que decidió esperar. Al cabo de media hora aparece Héctor y le dice: “¿Ya las bajaste?”. “¿Cómo?, si yo no sé manejar eso”. “A no sabes, entonces me hubieras dicho para enseñarte”. “Ni siquiera me preguntó”, se decía. Entonces encendió la computadora y le dijo: “Esta es la única vez que te enseñó, la próxima lo harás tú”. Cuando estuvo operativa la máquina, entonces le enseñó a manejar el programa STUDIO 11 y como debía de conectar su cámara con la computadora y la carpeta a la cual debía de guardar la descarga.
UNA NUEVA OPORTUNIDAD
Finalizada la descarga, se disponía a irse, pues creía que había acabado con su trabajo. Pero no todo es lo que se cree. Ingresó de un momento a otro una chica, la reconoció al instante, era la misma quién le indicó a donde debía ir en la mañana, y le dijo: “Hola, me llamo Mónica, soy la secretaria del canal”. “Hola, me llamo Jimena soy…”. “La novata”, se adelanto Héctor. Ella solo asintió.
Mónica le hizo un gesto diciendo que la siguiera. Bajaron al tercer piso, ahí le hizo esperar cinco minutos luego le dijo que pase. Al entrar se encontró con alguien que por el ambiente y por la seriedad de su rostro logro deducir quién era, El dueño del canal. “Así que tú eres Jimena, soy Gerardo Crisol, gerente general del canal; no empezaste muy bien el día, llegaste tarde; pero en este canal reconocemos el talento cuando lo vemos y también por estar con escaso personal, espero que sea la última vez, y bla bla bla “, Jimena se concentró más en el ambiente, documentos por aquí y allá, era más chico que su habitación, despertó de ese estado de observación cuando escuchó “…así que esperamos contar contigo mañana, y que no se repita lo de hoy, pero eso sí no reconocemos pasajes y tampoco desayuno ni almuerzo, ENTENDIDO”, finalizó su discurso. “Si descuide, ya me lo habían advertido”. El momento era tenso y luego de una estrechez de manos, salió del lugar.
Fuera esperaba Mónica, “mañana traes tu foto tamaño carnet para darte tu fotosheck, y a las 9 a.m., nos vemos”. Luego, se encerró en su oficina. Lo único que hizo fue respirar profundo y bajo las escaleras, abrir la puerta y salir lo más rápido de ese lugar. Tomó un auto, y sentada mirando la ventana se puso a recordar todo lo que sucedió ese día si fue real o no, pero sabía la respuesta, estaba empezando a construir ese sueño o esa pesadilla que se llama realidad y que tendría que demostrar a su familia que no era un estorbo. Recién iniciaba su camino, trazando su destino...
Detuvo al primer auto que apareció, cualquiera que lleve a Pardo, su destino era Chimbote. En todo el recorrido se sentía nerviosa, a través de la ventana veía una ciudad fría, el cielo nublado, los autos tratando de ganar a los otros. La mirada la tenía inquieta y también estaba angustiada, llegaría tarde.
El carro se frenó en la esquina de Av. Pardo con Aviación, se percató que el carro la había dejado a una cuadra del lugar que pidió al chofer, no tuvo tiempo de protestar. Eran las 10:30 a.m., estaba lista a aceptar una llamada de atención, quizás le dirían: “Fue un gusto, pero no necesitamos personas con este tipo de conductas” o el rollo que siempre oía “Lo siento, pero la puntualidad es primordial, y no cumple con los requisitos”. Su mente se turbaba con todo, es verdad que la primera impresión nunca se olvida, pero no todo es lo que uno imagina.
LA PRIMERA IMPRESIÓN CASI NO CUENTA
El edificio no era nada fuera de lo normal, ubicado en un pasaje, la distancia era muy angosta, pero no impedía que los autos pasaran por ahí, la fachada de la casa era de mayólicas blancas que más parecían cremas, el portón era de metal pintado del mismo color, tenía cuatro pisos, en cada piso tenían ventanas de sistema directo y la gran antena que sobresalía de la azotea. “Parece más una casa que un canal”, pensó. Tocó aquel frío metal, sus nervios se apoderaron de su cuerpo cuando nadie salía a abrir la puerta, sus esperanzas habían caído, insistió una vez más, nadie.
Dio unos pasos atrás, quería regresar a su casa y olvidar todo, de pronto pensó en su padre, en esa sonrisa triunfal al ver su caída, se detuvo en seco, iba a tocar cuando una voz del cuarto piso le grita: “¿Quién es?”, era una voz fémina, retrocedió para verla y solo atinó a decir: “Soy la…practicante”, se apagaba su voz pero su postura era muy firme. Habían pasado cinco minutos desde que la señorita le dijo que le abrirían la puerta, creía que de cierta forma lo estaban castigando por su tardanza al no abrirle, luego volvió a salir la chica y le indicó que se fuera a la Plaza de Armas que ahí estaría esperando el periodista, que se habían comunicado por teléfono y que ahí lo encontraría, con la misma rapidez se volvió a meter al interior del edificio. Estaba incrédula, ni siquiera verificarían si era cierto o no lo que decía, solo le dijeron donde debía ir y listo.
EL EXTRAÑO SUJETO
Se dirigió a la Plaza de Armas, esta vez pudo comprobar lo que su padre siempre le decía: “Hay dos tipos de personas: los que trabajan para vivir y los que viven para el trabajo”, ahora lo entendía, las personas no se detenían, vivían su realidad, había gente en la esquina del puesto de periódicos leyendo los titulares, las mujeres que gritaban para que vengan a probar el irresistible choclo sancochado, le parecía todo extraño, nuevo, esto ni siquiera se lo imaginó, pero ahí estaba en medio de esas calles sin nombre para muchos pero conocidos por todos.
Al fin llegó, pero tenía una duda, como reconocería a la persona con quién haría sus prácticas, acaso sabe algo, sabe cual es su nombre. “ERROR”, pensó. Regresar no podía, así que respiro profundo y luego de dar un par de vueltas por toda la plaza, se sentó en una de las tantas bancas que estaban frente al municipio. Luego de 15 minutos de espera, un tipo se le acercó, era un hombre de más o menos 28 años, de tez morena, contextura normal y de estatura mediana; “¿Tú eres la practicante?”, “Sí”, “Bien, me llamo Héctor, soy el periodista del canal y vas a practicar conmigo, y tú te llamas..?”, “Me llamo Jimena, pero ¿Cómo sabías que soy la practicante?”, “Es que todos en su primer día se ponen así como si estuvieran perdidos”, “Ah…”. Luego de ese intercambio verbal y un breve silencio que resultaba incómodo, le hizo mención de todos los lugares que irían, empezarían en ir a la SEINCRI, El Hospital La Caleta, luego al Ministerio de la Producción, pasarían por la comisaría que se encuentra por el municipio, y luego volverían a la plaza de Armas.
“Cargaste la batería de tu cámara, verdad?”, “Sí”. Él solo sonrío, y así fue como recorrieron en un tiempo recórd todo, “Dame tu cámara”, “Toma”. Sin decir nada le enseñó como debía de obtener un encuadre, pero no habían conseguido “notas” en ese día, entonces ella se sintió culpable. “lo siento, no quería llegar tarde”, “Descuida, es tu primer día”. Los demás “periodistas” se quedaban mirándola como si nada, ella se sintió extraña, pero no quería acobardarse, no ahora.
Y LA NOTA DEL DÍA ES…
Eran cerca de las doce del mediodía, había salido el sol y quemaba con fuerza. “Suerte, que traje mi gorra”, pensó. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando un fuerte sonido como de un disparo la sacó de su estado pasivo. “Vamos rápido, ya empezó”, fue lo único que escuchó para salir tras de él. Era una manifestación de profesores, “SUTEP” así se hacían llamar y así lo gritaban, ¡El SUTEP NO SE RINDE!... El motivo, la gran mayoría se negaba a acatar una orden del Gobierno, un examen que daría como resultado el coeficiente e inteligencia de los profesores, en un punto de vista estaba muy bien, sin embargo ellos lo veían como una amenaza como una táctica del régimen político para desocupar más plazas y así tener más vacancias para sus escogidos. O al menos así lo planteaban.
“Acaso es posible, es real, en menos de cinco minutos todos los periodistas estaban ahí como abejas que van al panal a perseguir a su reina, era asombroso”. “¡Ven!”, una voz le saco de sus trance, reaccionó y empezó a grabar a todas las personas que estaban ahí, su asombro fue mayor cuando reconoció a sus profesores de secundaria, que al verla, se acercaban y le decían; “¡Bien, hija, graba la injusticia!”, este hecho hubiera pasado inadvertido, pero alguien de la prensa se dio cuenta, de un momento a otro todos la veían, en ese momento hubiera deseado ser invisible, pues ella era la novata, como podían creer que tendría un acercamiento con esas personas y de una manera tan familiar, debido a que muchos de los maestros se acercaban a saludarla y como una persona con modales correspondía al saludo.
En esa marea de gente, Héctor la jaló – y no de manera literal – del brazo y le dijo que se concentrara de lo contrario no conseguirían las imágenes, no había duda estaba molesto. Entonces retomó su tarea capturar imágenes, se dio cuenta de la otra cara de la moneda, ya no habían saludos, al contrario venía la avalancha de las palabras que eran las prohibidas para sus alumnos, al menos en las horas de clases, con pancartas que tenían con letras grandes: ¡NO AL EXAMEN!, y arengas como: ¡EL SUTEP NO SE RINDE, COMPAÑEROS UNIDOS JAMÁS SERÁN VENCIDOS!. La policía llegó con todo, protectores de piedra, cascos, perros, camionetas blindadas, hasta armas para disparar perdigones y bombas lacrimógenas si la situación se volviera extrema. Hasta que un desadaptado empezó a tirar pintura amarilla y huevos a los profesores que fueron a rendir su examen, “Ahora empieza lo bueno – dijo – no dejes de grabar”.
Y no se equivocaba, la policía empezó a dispersar a los “laberintosos” y arremetieron con todo, trataron de bajarles la moral con los perros, algunos se corrían para no ser perseguidos, otros se acercaban con cautela para tirar más huevos y como bandidos empezaron a correr para evitar ser capturados, pero no lo lograban, los maestros al ver que sus colegas eran llevados a la camioneta fueron a su “rescate” y empezó el forcejeo con la policía para que no vayan al calabozo, al parecer seguían la filosofía de los tres mosqueteros. El preciso instante que una profesora empezó a patear a un policía y como venía otro por detrás con un perro y sin bozal, lo tenía ya grabado, nadie más lo había hecho, para ella era su exclusiva, su punto del día. “Lo grabaste”. Ella afirmo con la cabeza. “Bien, entonces vamos al canal a bajar las imágenes”. Ambos se fueron dejando a una multitud que poco a poco disminuía.
LA TELEVISORA
Llegaron al mismo lugar que le indicaría a donde debería ir, estaban parados frente a esa puerta de metal, luego se abrió una rendija y se cerró al mismo momento. Un fuerte sonido le indicó que era el momento de ingresar al lugar que deseaba llamar “mi trabajo”, pero sabía que estaba muy lejos de ello.
“Ahora bajaremos las imágenes al computador para que luego las edite en la tarde”, fue lo único que dijo, para luego subir por unas escaleras. Estaba ahí estática, sin moverse, luego reaccionó y siguió el mismo camino que su “guía?”, lo pensó con ironía. El pasillo era frío no había luz, tenía que ir al cuarto piso, así que caminó sin detenerse, la escaleras tenían barandales solo las que conectaban el primero con el segundo, las restantes tenían un gran vacío por ambos lados. Al llegar, vio un lugar que se podría llamar como la sala de espera, se acomodó en el mueble y espero. A su izquierda pudo observar un cuarto donde se hallaban dos personas que se encontraban manejando los controles de mando, al parecer allí es donde ponían lo que iba o no en la programación, más allá había otra puerta que llevaba al set de grabación, un ambiente muy chico pero que la parecer se las arreglaban para transmitir sus programas, y a su derecha estaba lo que llaman la sala de la isla de grabación, ahí tenía que ingresar para descargar las imágenes. Así que se armó de valor y abrió esa puerta, grande fue su sorpresa al no encontrar a alguien que la asesore en ese momento.
Así que decidió esperar. Al cabo de media hora aparece Héctor y le dice: “¿Ya las bajaste?”. “¿Cómo?, si yo no sé manejar eso”. “A no sabes, entonces me hubieras dicho para enseñarte”. “Ni siquiera me preguntó”, se decía. Entonces encendió la computadora y le dijo: “Esta es la única vez que te enseñó, la próxima lo harás tú”. Cuando estuvo operativa la máquina, entonces le enseñó a manejar el programa STUDIO 11 y como debía de conectar su cámara con la computadora y la carpeta a la cual debía de guardar la descarga.
UNA NUEVA OPORTUNIDAD
Finalizada la descarga, se disponía a irse, pues creía que había acabado con su trabajo. Pero no todo es lo que se cree. Ingresó de un momento a otro una chica, la reconoció al instante, era la misma quién le indicó a donde debía ir en la mañana, y le dijo: “Hola, me llamo Mónica, soy la secretaria del canal”. “Hola, me llamo Jimena soy…”. “La novata”, se adelanto Héctor. Ella solo asintió.
Mónica le hizo un gesto diciendo que la siguiera. Bajaron al tercer piso, ahí le hizo esperar cinco minutos luego le dijo que pase. Al entrar se encontró con alguien que por el ambiente y por la seriedad de su rostro logro deducir quién era, El dueño del canal. “Así que tú eres Jimena, soy Gerardo Crisol, gerente general del canal; no empezaste muy bien el día, llegaste tarde; pero en este canal reconocemos el talento cuando lo vemos y también por estar con escaso personal, espero que sea la última vez, y bla bla bla “, Jimena se concentró más en el ambiente, documentos por aquí y allá, era más chico que su habitación, despertó de ese estado de observación cuando escuchó “…así que esperamos contar contigo mañana, y que no se repita lo de hoy, pero eso sí no reconocemos pasajes y tampoco desayuno ni almuerzo, ENTENDIDO”, finalizó su discurso. “Si descuide, ya me lo habían advertido”. El momento era tenso y luego de una estrechez de manos, salió del lugar.
Fuera esperaba Mónica, “mañana traes tu foto tamaño carnet para darte tu fotosheck, y a las 9 a.m., nos vemos”. Luego, se encerró en su oficina. Lo único que hizo fue respirar profundo y bajo las escaleras, abrir la puerta y salir lo más rápido de ese lugar. Tomó un auto, y sentada mirando la ventana se puso a recordar todo lo que sucedió ese día si fue real o no, pero sabía la respuesta, estaba empezando a construir ese sueño o esa pesadilla que se llama realidad y que tendría que demostrar a su familia que no era un estorbo. Recién iniciaba su camino, trazando su destino...


